“Alguien que cree en las vacunas y en las manos que las crearon” [Reflexión]



Año 2020, un año duro y triste para la historia de la humanidad. Hoy miramos hacia atrás y recordamos esas sonrisas de los que ya no nos acompañan, de los que ya se fueron y no volverán, se fueron tan rápido que ni siquiera pudimos despedirnos. La tía, la abuelita, el papá, el dueño del colmado de la esquina, la maestra, el médico que nos recibía todos los meses en su clínica, todos se fueron. Se fueron a causa de un enemigo mortal que conquistó al mundo en cuestión de meses y de un día a otro cambió totalmente la forma en que vivíamos y nos relacionábamos. Ese enemigo lúgubre llamado “El Virus del SARS-CoV-2”, un virus respiratorio muy peligroso que causa el COVID-19, logró diseminarse como una gota de tinta en un vaso de agua.


El planeta se paralizó, dejó de respirar, las calles dejaron de ser transitadas, los parques de ser visitados, las escuelas desoladas, todos encerrados en nuestras casas, llenos de incertidumbre, mirando por un hueco de la ventana la acera vacía y escuchando en el televisor las malas noticias que seguían llegando. Los hospitales se llenaron a capacidad, pacientes desesperados y quejumbrosos en los pasillos, en el estacionamiento, en el suelo, porque no había espacio dónde ponerlos. Había que decidir quién vivía y quién moría solo porque no alcanzaba el número de ventiladores en las unidades de cuidado crítico. El personal médico trabajaba turnos exhaustivos de más de 24 horas sin descanso, separados de sus familias, con hambre, con sueño, con miedo, evitando a toda costa enfermarse y enfermar a los suyos, mientras otro sector de la población creyendo, insistían y regaban las voz de que todo esto era un invento creado por los gobiernos y los medios de comunicación.


No decidimos quedarnos de brazos cruzados, el mundo decidió crear un arma en contra de ese enemigo que castigó a su criterio la entera sociedad. Científicos, médicos, políticos, salubristas, comunicadores y organizaciones alrededor del mundo unieron sus esfuerzos, sus corazones, para llegar a un bien común una vez más. Dedicaron miles de horas y recursos inimaginables para desarrollar una vacuna efectiva que nos ayudaría a tomar ventaja en esta lucha en contra del COVID-19. Pero aquel, aquel que se sienta a ver videos de conspiración o a creer lo que cualquier sensacionalista escribió en páginas cibernéticas sin credenciales, esas personas insisten en poner en duda la motivación de tantos profesionales y subestiman todo el trabajo realizado afirmando sin evidencia que “la vacuna causará más daño que bien”.


Cuando leas algún comentario de estas personas, recuerda que en el transcurso de la historia enfermedades infecciosas como el COVID-19 han arrasado con millones de personas sin discriminar edad, raza, sexo, religión o estatus social. Enfermedades como el sarampión, la papera, la rubéola, la difteria, el tétanos, la tos ferina, el rotavirus, el polio, el neumococo, el meningococo, la influenza, la hepatitis A y B, la tuberculosis, la fiebre amarilla, haemophilus, el papiloma humano y la varicela hoy en día han sido controladas gracias a la creación y existencia de las vacunas.


Cuando dudes en si ponerte o no la vacuna, piensa en esos que ya no están, en esos que se han sacrificado por mantener la sociedad funcionando, piensa en esas horas de desesperación que estuviste encerrado en tu casa, en tus hijos que perdieron un año de escuela sin poder ver a sus amiguitos, en los años de estudio de miles de científicos y el millar de horas dedicadas alejados de sus familias para llegar a este punto.


Yo confío en la ciencia y en la medicina porque buscan nuestro bienestar, y también te exhorto a que confíes, por ti y por los tuyos. ¡Vacunándote, ganamos todos!



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